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Los anacardos (Anacardium occidentale) proceden de la región amazónica, donde los nativos los llamaban acajú. El árbol fue transplantado con éxito a la India y África Occidental por los portugueses, y hoy día estas regiones son las más productoras del mundo. El anacardo sólo es superado por la almendra en el comercio mundial.

A diferencia de otras oleaginosas, los anacardos contienen una cantidad significativa de almidón (30,19g/100g), y es por ello que son buenos espesantes en recetas en las que se busca cremosidad.

Destaca su contenido en:

– Minerales: calcio (37 mg/100g), hierro (66,68 mg/100g), magnesio (292 mg/100g), fósforo (593 mg/100g), potasio (660 mg/100g), sodio (12 mg/100g), selenio (19,90 µg/100g) y zinc (5,78 mg/100g).

– Vitaminas: folato (25 µg/100g), niacina (1,062 mg/100g), vitamina K-filoquinona (34,1 µg/100g).

– Lípidos (43,85g/100g): ácidos grasos saturados (7,78 mg/100g), ácidos grasos monoinsaturados (23,8 mg/100g) y poiinsaturados (7,845 mg/100g). Este perfil lipídico hace de los anacardos una fuente saludable de grasas.

– Fitoquímicos: fitosteroles (29 mg/100g), polifenoles totales (232,90 mg/100g), siendo epicatequina (0,9 mg/100g), epigalocatequín-3-O-galato (0,20 mg/100g), y flavanoles (8,7 mg/100g).

En definitiva: antioxidante, ayuda en la salud ósea, en la salud del sistema nervioso, y en la salud cardiovascular.

Un recordatorio: es preferible optar por rehidratar los frutos secos antes de consumirlos. Así, la opción más saludable sería dejarlos a remojo, y sin tostarlos, incluirlos como ingredientes en la elaboración de vuestras recetas. Si quieres mantener el sabor crujiente, podrías secarlos al sol o con una deshidratadora.

RECETAS CON ANACARDOS: