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El coco es el fruto de Cocos nucifera, una palmera grande, de 30 metros de altura, más pariente de las gramíneas que de los otros árboles que dan “frutos secos”. Cada año se producen unos 20.000 millones de cocos, principalmente en Filipinas, la India e Indonesia. Y esa es la parte que menos nos gusta, porque todo el coco (y sus derivados) que compres vendrá de la otra parte del planeta. Lo cierto es que su sabor, su versatilidad en la cocina y todos los beneficios que reporta sobre la salud hacen de este alimento una bomba de salud. Puntualmente hacemos la vista gorda en casa y entran cositas como esta.

Del coco se pueden obtener: agua y pulpa, de la que a su vez se puede obtener leche y/o aceite de coco.

Su agua es rica en sodio, potasio y azúcares. Su pulpa es rica en fibra. Y su grasa es totalmente saturada, pero formada por ácidos grasos saturados de cadena media, muy beneficiosos para la salud intestinal. Esta grasa es muy termorresistente, por lo que durante parte del siglo XX, fue el aceite vegetal más importante del mundo. Después se cambió por el aceite de semillas, al que se le creía más saludable al no elevar los niveles de colesterol LDL. Ahora ya se sabe que el aceite de coco eleva el colesterol HDL (y no el LDL), y que los aceites de semillas (girasol, maíz,…) sometidos a altas temperaturas contienen grasas trans que sí se asocian con un incremento de problemas cardiovasculares. Es más, la FDA acaba de prohibir el uso alimentario de estos aceites en EEUU. El mundo al revés.

Dentro de su porción grasa, un 15% son ácido caprílico y ácido láurico, ambos con acción antifúngica muy interesante en caso de candidiasis.

Además, “a diferencia de los ácidos grasos de cadena larga contenidas en las grasas animales, los ácidos grasos de cadena media son lo suficientemente pequeños para entrar en la mitocondria directamente donde luego pueden ser convertidos en energía”, afirma el Dr. Turner del Instituto Garvan de Sydney. Por lo que podría considerarse una ayuda para la pérdida de peso y para las personas hipotiroideas.

Por último, un detalle: su aroma dulce y rico, se debe a derivados de los ácidos grasos saturados, llamados lactonas.

COCINA FUNCIONAL CON COCO: