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El falafel es un mítico en la cocina turca, y también en la nuestra. Y lo es la verdad desde hace más de 15 años… Falafel, humus, guacamole, olivada, hamburguesas vegetales,… “Miticadas” en casa.

Y… ¿Cómo iba a faltar este recetón en nuestra web? Pues la verdad es que ya estaba tardando… Así que, ¡allá vamos!

Aquí te propongo hacerlo al horno, y te doy algunos consejos para que la masa no se desmorone y que no quede tan seca.

Material culinario

Una batidora potente, o una batidora de mano.

Una sartén libre de tóxicos.

Bandeja de horno.

Papel de horno libre de tóxicos

–> Recuerda que por ser seguidor/seguidora, tienes un 5% de descuento en las tiendas que linkeo, especializadas en equipar tu cocina de forma saludable, lo más libre de tóxicos posible. ¡Mola!

Tiempo necesario

24 horas de remojo, mínimo.

30 min de preparación.

30 min de horno.

Ingredientes BIO

[Para 25 falafels, aprox] –> Nosotros hacemos de más porque luego los congelamos. Así ahorramos en tiempo y en energía del horno (y nuestra 😉 )

– 2 tazas de garbanzos, dejados a remojo con 24 horas de antelación en abundante agua templada de calidad con un chorrito de vinagre (preferiblemente, de manzana no pasteurizado), y una tira de alga kombu (porque su ácido glutámico ayuda a ablandar la fibra, haciéndolos luego más digeribles).

-Una cebolla mediana, muy picadita.

-Un buen puñado de perejil fresco, picadito.

-2 c.s. de comino en polvo (o más, si es así como te gusta).

– Sal marina al gusto.

Aceite de oliva, de primera presión en frío y en botella de vidrio oscura.

NOTA: es interesante que cambies el agua de remojo de los garbanzos un par de veces, para mejorar su digestibilidad posterior y evitar al máximo sus antinutrientes (puedes leer más sobre ello en este artículo que escribió mi amiga Lucía Redondo para Soy Como Comoaquí).

Procedimiento

1. Rehoga la cebolla en un buen chorro de aceite de oliva, en una sartén libre de tóxicos y con una pizca de sal. Vete moviéndola hasta ver que queda cristalina. Si ves que se pega, añade un chorrito de agua (no es necesario añadirle más aceite). Reserva.

2. Escurre los garbanzos que has dejado activando mínimo 24 horas. Tritúralos crudos (el falafel se hace con garbanzos crudos, a diferencia del hummus) con la ayuda de una batidora de mano. Te recomiendo la de mano porque es necesario que la consistencia quede muy “masa”, y no granulosa. Y eso lo conseguirás al esmagar la batidora sobre los garbanzos. Este es el primero de los trucos que comparto para que el falafel triunfe siempre.

3. A la masa que acabas de crear añádele la cebolla con el aceite del sofrito (este es otro de los trucos, para que no quede tan seco), el perejil (o el cilantro fresco, como quieras), el comino y la sal. Tritura más hasta conseguir una mezcla homogénea.

Consistencia de la masa, tras ser triturada

Consistencia de la masa, tras ser triturada.

4. Ahora… ¡Manos a la masa! Aprieta pequeñas porciones entre las manos hasta conseguir ligarla. Hazla girar redondeando los bordes con el fin de obtener la mítica forma de falafel. Y reserva.

5. En horno precalentado a 150 ºC, con ventilador y calor arriba y abajo (es la función de “pastel”), coloca la bandeja de horno con los falafel, sobre papel de horno libre de tóxicos. Hornea 15 min y dales la vuelta, para hornear otros 15 min. El tiempo (30 min) es orientativo porque depende del horno y de lo húmeda que hayan quedado los falafeles. Entonces, estate atenta. ¡Que no se te pasen! La idea es que queden doraditos y crujientes. Si ves que el ventilador mete mucha caña, quítalo y pon solo la opción de calor arriba y abajo (suele ser la función “pescado”).

 

SIRVE los falafels en pan de pita, o mejor aún, acompañados de un wok o un estofado de hortalizas con salsa de tomate casera, por ejemplo, o con mayonesa. La ensalada también le queda de vicio. Date cuenta que son bastante secos y de consistencia crujiente, por lo que mola meterle frescor e hidratación al plato.

 

¡El resultado! Como ves, ese sería el color óptimo del falafel, o incluso un poco menos tostado. En este caso, lo hemos acompañado de un salteado de zanahoria, champis y espinacas (añadidas al final de todo), con salsa de tomate casera. Por supuesto, todo bio.

¡El resultado! Como ves, ese sería el color óptimo del falafel, o incluso un poco menos tostado. En este caso, lo hemos acompañado de un salteado de zanahoria, champis y espinacas (añadidas al final de todo), con salsa de tomate casera. Por supuesto, todo bio.

 

¿Por qué esta receta?

Los falafels son super baratos, super ricos y super proteicos. Los garbanzos contienen la proteína completa (todos los aminoácidos esenciales). En esta receta hemos mejorado su digestibilidad al dejarlos a remojo en agua templada y un chorrito de vinagre y un trozo de kombu, al cambiarle varias veces el agua de remojo en esas 24 horas (mínimo), al acompañarlo de comino (carminativo), y al hacerlos al horno.
Además, si te pones un día con ellos, podrás hacer para varios días. Como te comenté, puedes congelarlos ya horneados. Quedan genial, y luego solo tienes que sacarlos al momento y calentarlos al horno, en la tostadora o en la sartén… ¡Y listos! Solo te quedaría hacerle un acompañamiento.

 Si quieres más info de estos u otros ingredientes, puedes consultar el glosario. Poco a poco irá creciendo con nuevas fichas de alimentos que empleamos en nuestra cocina.