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Puede que no sea nada nuevo lo que voy a contarte, porque el consumo de germinados ya se ha extendido entre nuestra sociedad, conocedora de sus grandes beneficios. Pero quizá pueda sorprenderte al decirte que su preparación y consumo se remonta al año 3.000 a. C., en China; o contándote que se ha encontrado la descripción de las técnicas de germinación en escrituras de los Esenios, que vivían en Israel y Egipto en los tiempos de Cristo.

 

Más recientemente, se sabe que el capitán Cook (1728-1779), navegante inglés descubridor de Australia, pudo realizar sus largas travesías gracias a los brebajes hechos con germinados que protegían a su tripulación del escorbuto (carencia de vitamina C).

Entonces, si ya hace 3.000 años a. C. se preparaban y consumían los germinados, podemos afirmar que la técnica no debe ser muy complicada, y que cualquiera de nosotros, en cualquier parte del mundo, podría hacerlos y disfrutarlos.

 

La historia cuenta que numerosas civilizaciones ya empleaban técnicas de germinación, como los Esenios (siglo II a. C.). El capitán Cook (s. XVIII) pudo realizar sus largas travesías gracias a que los germinados protegían a su tripulación del escorbuto.

 

 

¿QUÉ LE SUCEDE A LA SEMILLA?

Una semilla (por supuesto, elige eco-lógica) es la mayor bomba revolucionaria que podamos tener en nuestras manos. Os explicaré el porqué.

  • Una semilla es un órgano perfecto creado por la naturaleza para resistir condiciones desfavorables y germinar solo cuando las condiciones le son óptimas.
  • Una semilla = una planta = muchas semillas. Por tanto, el beneficio se multiplica por cien. Es aquí cuando me pongo a pensar en la revolución propuesta por Fukuoka.
  • La semilla tiene una impronta ancestral, una energía propia que la hace germinar. Brutal, ¿no?

  • En su proceso de germinación, se activan numerosos enzimas que transforman unas moléculas en otras que le son necesarias para crecer y desarrollarse, y que a nosotros nos resultan muy beneficiosas. Es así como los antinutrientes para nosotros (como el ácido fítico, que inhibe la absorción de ciertos minerales) se convierten en nutrientes al ser activadas las enzimas que promueven tales reacciones metabólicas (en ese caso, las fitasas). Además, la cantidad de vitaminas y de enzimas aumenta considerablemente, los almidones se convierten en azúcares simples, las proteínas se convierten en aminoácidos y péptidos, las grasas en ácidos grasos libres, y los minerales se hacen más biodisponibles. Como resultado, la semilla se hace más fácil de digerir, asimilar y metabolizar (incluso para personas alérgicas o intolerantes a ellas).

 

Durante el germinado, los antinutrientes se transforman en súper nutrientes, se incrementa la cantidad de vitaminas y de enzimas, los almidones se convierten en azúcares simples, las proteínas se convierten en aminoácidos y péptidos, y las grasas en ácidos grasos libres. La semilla se vuelve más fácil de digerir y asimilar.

 

Así, tanto desde el punto de vista medio ambiental, por la capacidad que tiene una semilla de generar una planta que a su vez generará cientos de semillas, que a su vez generarán cientos de plantas (y la historia seguirá, siempre y cuando le dejemos); como desde el punto de vista nutricional, si queremos consumir esas semillas activadas y sin antinutrientes, la germinación es en sí misma una eco-REVOLUCIÓN medioambiental y nutritiva.

 

FORMAS DE GERMINAR:

Existen diferentes formas de germinar atendiendo a:

Tipos de semillas: ya que las semillas pueden ser mucilagenosas o no, dependiendo de su capacidad para generar mucílago (sustancia gelatinosa que se forma cuando dejas a remojo ciertas semillas como las de lino o chía, por ejemplo). Por otro lado, cada semilla tiene un tiempo de remojo y de germinación diferente. Por lo general, cuando compres semillas para germinar, te aparecerán las indicaciones en el propio paquete. A mayores, te dejo esta tabla orientativa de cosecha propia que también te puede resultar útil.

Técnica y sustrato: ya que puedes germinar en tierra, fibra de coco, algodón, bolsa, plato o bote, por ejemplo. Si quieres consumir las raíces de los germinados o de los brotes, no te recomiendo ni la tierra, ni la fibra de coco ni el algodón, por una cuestión higiénica principalmente. En ese caso lo mejor es emplear una bolsa (como esta que hemos diseñado V de vegetal), un bote o un plato germinador (échale un vistazo al que nos mola).

 Tabla de cosecha propia (se agradece cita)

TIEMPOS SEGÚN SEMILLAS:

 Tabla de cosecha propia (se agradece cita)

CÓMO SE CONSUMEN:

Los germinados se consumen por lo general en crudo. De esa forma conservamos su máximo potencial en cuanto a vitaminas se refiere. Ahora bien, también puedes añadirlos al final de un wok, por ejemplo, dándoles un toque de calor pero conservando ese crunch que les es tan característico.

Una forma de empezar a consumirlos es añadiéndolos a tus platos, ya en la mesa. A modo de adorno conseguirás enriquecerlos.

El plato para germinar mola mucho porque, a mayores de poder germinar todo tipo de semillas, adorna mucho una mesa. Siempre puedes ponerlo en el centro y que los comensales se sirvan a su gusto (recordando lavarlos previamente).

 

RECOMENDACIONES:

Si dejas crecer los germinados, obtendrás brotes (mayor riqueza en clorofila, vitamina C y otros fitoquímicos). Además, son un precioso toque verde para tu cocina o para poner como centro de mesa.

Para que el proceso sea óptimo y salubre:

  • Las semillas deben ser ecológicas e indicadas para germinados.
  • El germinador debe estar limpio.
  • La temperatura debe ser entre 20-23ºC.
  • Las semillas deben estar húmedas pero no encharcadas, y no deben estar amontonadas para que corra el aire entre ellas.

Si quieres consumir legumbres germinadas, te recomendamos que las escaldes, para mejorar su digestibilidad.

 

En la siguiente parte de esta guía, te enseñaré cómo germinar con plato. Te daré todos los trucos y las pautas para que la germinación sea óptima, exitosa, nutritiva y vistosa 🙂

¡Nos vemos pronto!