La biofumigación, una técnica agrícola para el control de patógenos del suelo mediante la acción de las sustancias volátiles producidas tras la biodescomposición de la materia orgánica.

 

La biofumigación es una técnica agrícola para el control de patógenos del suelo, como pueden ser los hongos Fusarium oxysporum o Rhizoctonia spp, causantes de enfermedades en las plantas. La biofumigación se ha descrito como “la acción de las sustancias volátiles producidas en la biodescomposición de la materia orgánica en el control de los patógenos de las plantas” (Bello et al. 2000)

Su efectividad contra estos patógenos radica en la acción fumigante de las sustancias volátiles tales como ácidos orgánicos, taninos o fenoles, que la materia orgánica desprende en su descomposición. Estas sustancias pueden ser directamente nematicidas pudiendo afectar a la eclosión de los huevos o a su fase larvaria.

LA BIOFUMIGACIÓN

Una técnica con numerosos aspectos positivos para nuestro suelo y para el mejor funcionamiento de nuestros huertos, entre ellos:

– Control de nemátodos.
– Incorporación de materia orgánica al suelo.
– Incremento de la población microbiana.
– Mejora de la estructura del suelo.
– Control de especies adventicias y del banco de semillas existente.
– Se puede llevar a cabo en cualquier época del año, exceptuando lugares con climas fríos, o prefiriendo en ellos las estaciones más calurosas.

La biofumigación es de fácil realización. Se basa en la incorporación de materia orgánica fresca en el suelo.

Nuestros suelos hoy en día son generalmente deficitarios en materia orgánica, estando su valor sobre el 1% del total. Esta falta de materia orgánica acentúa la degradación de los suelos y su posterior erosión, lo que repercute a su vez en un sistema pobre, desequilibrado y de fácil accesibilidad para plagas y enfermedades en los cultivos. Ese desequilibrio es generalmente tratado hoy en día con productos químicos que multiplican el factor desequilibrante y degradante de nuestros suelos.

Cómo se hace

La técnica en sí consiste en enterrar la materia orgánica fresca a una profundidad de unos 25cm, posteriormente se realiza un inundamiento de la parcela a biofumigar para retener los gases que la materia orgánica desprende en su descomposición. Para esta segunda fase el período de biofumigación será de unos 15 días.

Otra metodología consiste en realizar un riego “a manta abundante” (es decir, regar toda la parcela en general y de forma generosa) y colocar un plástico transparente con el fin de sellar la parcela. Si disponemos de sistema de riego, colocaremos las mangueras bajo el plástico para poder mantener una humedad constante. El período recomendado en este caso es de unos 45 días, tiempo en el cual la anaerobiosis conseguida con el encharcamiento y la toxicidad de los compuestos volátiles desprendidos repercutirán en una bajada de la población de patógenos.

En cuanto a la materia orgánica a introducir, generalmente son 3 tipos los usados.

1. Estiércoles frescos. En caso de no producirlos nosotros mismos, es una solución que nos va a incrementar los costes, por su transporte hasta la finca. Necesitaremos una cantidad de 50 t/ha.

2. Cultivos de Brassica Coles, repollos (imagen superior), berzas, grelos, mostaza (imagen inferior), rabanitos, nabos…. Estos cultivos desprenden compuestos azufrados durante su proceso de descomposición (esos mismos que hacen de ellos unos alimentos maravillosos para patologías como el cáncer, por ejemplo), convirtiéndose en altamente nematicidas. La incorporación de la materia orgánica se realizará cuando el cultivo esté en plena floración. Es la opción más económica, pero debemos asegurarnos de tener suficiente biomasa a incorporar, 10kg/m2 es la cantidad adecuada. El nabo forrajero, por ejemplo, nos proveerá de suficiente biomasa. Así mismo es aconsejable un picado de los restos, ya que su descomposición será más rápida.

3. Residuos de industrias transformadoras de productos agrícolas. Generalmente difíciles de conseguir a nivel de horticultor familiar.

Las Brassica son una buena opción porque mientras se descomponen despreden compuestos azufrados, que son nematicidas.

Además...

La incorporación de materiales ricos en nitrógeno es también muy interesante, ya que en su descomposición generan amoníaco, que también es un potente nematicida.

La materia orgánica incorporada provee a su vez al suelo de gran cantidad de microorganismos, entre los que podemos encontrar antagonistas de los nemátodos, como es el famoso hongo Trichoderma harzianum.

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