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Un símil entre lo que somos y LA SILLA, que tiene 4 patas, igual de importantes:

LA SILLA

Nuestros genes

Ese carné de identidad que nos acompaña siempre, durante toda la vida. Esa materia orgánica conformada por nucleótidos que se unen en cadena, y que giran junto a otra cadena, y que se empaquetan y empaquetan para poder resguardarse en el núcleo de cada una de las diminutas células que conforman nuestro organismo.

Hasta la actualidad se creía que éramos al 100% el resultado de la expresión de nuestros genes. Hoy en día los biólogos y otros expertos sabemos que eso no es del todo cierto. Nuestro fenotipo (lo que expresamos hacia el exterior, lo que se aprecia) no depende solo de este código genético, pues el medio que nos rodea y en el que vivimos juega un papel muy importante. Esto es EPIGENÉTICA.

Pongamos un ejemplo: si en mi familia hay una predisposición a padecer cáncer de pulmón, y en mis genes así está predeterminado, eso no significa que yo lo padezca. Hay otros factores que van a influir en la expresión de esos genes, y sin la necesidad de cambiar la secuencia de nucleótidos de mi ADN. La salud emocional, la actividad física, una alimentación adecuada y consciente (teniendo en cuenta las aún emergentes nutrigenética y nutrigenómica), no fumar, no estar en ambientes sobre cargados y con polución,… son factores ambientales que condicionarán la expresión o no de ese gen heredado.

Las relaciones sociales

Los seres humanos somos seres sociales. Podría afirmar que incluso tantas ganas tendríamos de socializarnos que para crearnos varias fueron las células que tuvieron que fusionarse y vivir conectadas, comunicadas y en simbiosis para poder conformar organismos pluricelulares a partir de organismos unicelulares.

Actualmente, y cada vez más, vivimos más desconectados de los seres que nos rodean (incluido el nuestro propio), y eso repercute en gran medida sobre nuestra salud.

Me refiero a la familia, los amigos y las amigas, los compañeros de trabajo, y de estudios, los animales y las plantas que comparten esta Tierra (y aquellos seres del más allá), los profesores, la señora que te vende el pescado, y la que te peina y arregla el cabello, la que te cultiva lo que te comes cada día, o tu terapeuta,… Todos ellos participan día a día de tu salud emocional.

¿A quién no le agrada una buena caminata por el monte con unos amigos y un perro?

¿A quién no le gusta un cumpleaños en familia?

¿Cómo sería tu día a día si en tu trabajo todos te tuvieran en cuenta y te dieran los buenos días?

¿Te has parado a sentir lo que sucede en tu organismo cuando le dices a tu pescadera lo guapa y resplandeciente que está?

¿Y cuándo le agradeces a tu profesora su esfuerzo por transmitirte sus conocimientos?

Las relaciones sociales se cultivan y se riegan cada día.

TÚ eres pieza clave para ello.

 

La actividad física

Caminar, saltar, correr, trepar, gatear, arrastrarse, nadar, escalar, levantar pesos,… Nuestro cuerpo está perfectamente preparado para hacer todas estas acciones. No necesita emplear máquinas facilitadoras que además son perfectamente reemplazables por elementos naturales, no necesita estar encerrado en un espacio lleno de toxinas y refrescado con aires sintéticos, iluminado con luz artificial, y carente de contacto con nada natural. Sí, me estoy refiriendo a los gimnasios.

Lo saludable es estar en contacto con el medio natural, respirar aire fresco, sentir cómo la luz del sol impacta sobre nuestra piel y estimula nuestro organismo, sentir esa energía tan sutil que en un gimnasio es imposible percibir. Puedes emplear como instrumentos árboles, piedras, y como escenarios, la arena de la playa, el mar, el río, las pendientes de las montañas,…

Vivir en una ciudad no te exime de ello. En todas las ciudades existen zonas verdes, pulmones impulsores, y elementos de los que valerte: un banco, una zona de juegos infantil, unas escaleras,…

Por supuesto que unos patines, una tabla de bodyboard, unos esquís, un skate o una bici son también herramientas magníficas porque te impulsan a salir al aire libre y a re-conectarte.

La claves son: aire fresco, sol y movimiento adaptado a tus necesidades, sin olvidarnos del reposo tan necesario para regenerar el organismo y la mente.

 

La alimentación

En V de Vegetal decimos que…

“No sólo somos lo que comemos, somos lo que digerimos, absorbemos, metabolizamos y pensamos”.

Nosotros somos los consumidores, y nosotros decidimos a qué/quién destinamos nuestro dinero.  El mundo de la alimentación mueve mucho dinero cada día. Son muchas las empresas que se dedican a ello. Muchas de las cuales no reparan en daños hacia el medio ambiente, ni hacia las personas que ingieren los productos derivados de su industria abusiva.

Es por ello que el primer paso dentro de una alimentación saludable es elegir alimentos de calidad, cultivados/criados de forma ecológica, respetando sus ciclos naturales, obtenidos en la estación que les toca y en zonas próximas a donde vives. Sin olvidarnos de la nutrigenética, del conocimiento de qué alimentos son los más adecuados para cada uno de nosotros.

El siguiente paso será saber cocinarlos (o no cocinarlos), empleando técnicas de cocina no invasivas y respetuosas con el alimento y sus nutrientes.

A continuación, poder digerirlos y absorberlos, con el fin último de que ese nutriente y su energía intrínseca llegue a cada una de nuestras células e inunde nuestro ser.

Para que una silla sea confortable necesitamos que tenga un respaldo.

Con ello me refiero a lo bien que nos sintamos con nosotr@s mism@s, lo mucho que nos conozcamos, que nos aceptemos y que nos queramos como tal. Este elemento es clave para nuestro bienestar, y por ende, para el bienestar del planeta.

 

Ya, lo sé. No es tarea fácil. La vida nos irá enseñando cómo mantener estable esta SILLA, sin patas que cojeen o que sobresalgan, y con respaldos confortables y estables.

La silla supone el sendero de la vida.

Cómo construirla está en tus manos.

 

Tú decides la materia prima, las herramientas, su montaje y su posterior uso. Como para toda construcción y obra, y como seres sociales que somos, se permite pedir ayuda en el proceso. Muchos somos los terapeutas y especialistas en los tan variados campos que promueven hábitos saludables. Todos nosotros somos mediadores, ayudantes en el proceso de creación: somos co-creadores. La decoración de LA SILLA, su distinción y su uso final es tarea tuya.

 

Disponemos de algunos materiales y manuales para alguna de las patas de LA SILLA. Queremos ser co-creadores.

¿Comenzamos?